Hay aguiluchos en Santiago. Llegaron hace un par de años y a veces se los ve rondando los basureros o volando por ahí. Hoy, mientras camina por Providencia, casí llegando a La Concepción, mira a lo alto y ve uno volando. El ave asciende y desciende rápido, planea, gira bruscamente tras una paloma que huye con aleteos ágiles. Recuerda que empezaron a aparecer luego que los loros proliferaron sin control, y especula que quizás los introdujeron intencionalmente para controlar esta plaga.
El espectáculo de un ave cazando en plena urbe, entre edificios de vidrio y la multitud trajeada que llena las calles y se detiene frente a las tiendas, le parece asombroso. Absorto, no nota los autos. Sobre la gente que se congrega, los gritos y el tráfico que se detiene en torno al cuerpo desarmado, caen plumas blancas, grises y negras. El agilucho ha dado caza a la paloma.
1 comentario:
Bonito texto. Pienso que el arte es lindo cuando es sencillo pero no analizado, teniendolo a diario frente a nuestros ojos. Saludos sr., siempre sus comentarios son bienvenidos.
Publicar un comentario