jueves, 24 de noviembre de 2011

Tse Yang, pintor de Tigres.

Arde Mundo. Qin Shi Huang lo manda. Ardan libros, como ardieron los hombres en el campo de batalla.  La paz es la muerte. La paz son los buitres y el muro. La paz son los miles, llevando la roca que levanta la barrera que mantiene lejos al bárbaro Mongol. Arde mundo, arde. Tse Yang no se preocupa. En las montañas y la niebla, dedica su vida a su arte único. Los bosques rayados del bambú albergan al tigre que busca su ojo y su mano, ese que caza y mata y prolifera sigiloso. Extiende día tras día un papiro sobre el suelo de una choza y el pincel traza laberintos de negro y amarillo  sobre el fondo blanco. Los hombres buscan siempre un pensamiento y una obra, y Tse Yang busca al tigre que dibuja mientras medra el pelo en su cabeza y el tiempo aja su piel.  Puede caerse el muro, pueden morir a miles los hombres, nada puede acabar con los tigres que nacen, uno tras otro, para traer la muerte a bestias y a hombres sobre estas laderas eternas. Nada detiene  la concentrada maestría del pintor de tigres.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Bancas de Plaza

En el atardecer
en alguna de las plazas incontables 
de esta ciudad bien amada,
coinciden los ancianos
con bastones y bufandas 
pantalones y suspensores,
niños yendo y viniendo en sus juegos 
entre burbujas efímeras y algodones de azucar,
todo bajo la mirada atenta y ajena 
de padres y madres aburridos
colgados a sus celulares

Tañen las campanas de la iglesia,
llamando a los feligreses a congregarse
en números que menguan año a año
(a diferencia de la Grecia pagana, 
este época monoteísta no mira con buenos ojos 
a los hombres de Dios, codiciosos de la inocencia infantil)
salvo por las palomas, que dejan su tarea única de picotear   
y alzan el vuelo, atendiendo fieles como nadie 
el llamado de Pedro

Pronto la plaza quedará desierta,
sin niños, sin padres, sin viejos, sin palomas.
Aparecerán tímidos los adolescentes 
perfumando el aire de cannabis, bebiendo cerveza, 
tanteando torpemente las pulsiones que los llenan 
mientras las botellas van quedando vacías 
y los pitos desaparecen de a fumadas ansiosas y rápidas.

Casi todos he sido: 
el niño y la maravilla sin culpa y sin entendimiento;
la manzana, la rebelión, el bien y el mal
que signan el deseo, develamiento de vicio de virtud, 
caída, albedrío 
la salida del paraíso/matriz;
el trabajo, las deudas, 
una amada encinta, 
la paternidad, los años de matrimonio, el fracaso, la separación

Las canas en mi barba comienzan a fructificar: 
es la medianía de la vida recordándome 
que sólo queda envejecer. 
Una vez más
la soledad se sienta a mi lado en esta banca de listones verdes.
La soledad y la muerte son espejos, 
y compartiendo esa misma naturaleza, 
son la misma cosa.

 Dada a socializar,
conversaré con la soledad y los faroles se encenderán,
y se vendrá la larga noche de neón,
de fantasmas, de deudos.

La banca esta llena de  nombres y fechas,
insultos y bromas que leeremos juntos
sin tomarlos en serio.
Es que pensamos también las posibilidades que no fueron,
abandonándonos como Sócrates a entender
y ponderar. 

Todo esto durará hasta que el presente se presente
imperativo como siempre. Las tripas piden comida,
los huesos piden descanso y los ojos sueño.
Aparte, con el tiempo me vuelvo repetitivo,
pensando y escribiendo en innumerables variaciones
los mismos temas, la misma ciudad y sus mismas penas.
Las disculpas del caso a mis pacientes parroquianos.
Buenas noches.

On debauchery / Sobre el libertinaje

By: Edward J Payton
"Le débauche n'a rien de frénetique, contrairement à ce qu' on croit. Elle est qu' un long sommeil." 
(A. Camus, "La Chûte").

Loved dreams from the past I sometimes lust for in loneliness, sleep happy the dream you crave for: work, wedlock, pregnancy, sex and freedom, myth or spirituality, the holy family and an obedient husband... Just for today I find the happiness that suits me. Just for today, I want my flesh to fade in beer, vodka, music, dancing bodies, sweat, nicotine, a moist habor wrapping me on my bed, only to leave forever by dawn.

Tomorrow never knows and destiny is like a blind camel...

au revoir...

viernes, 23 de septiembre de 2011

Beating a dead horse.

Jean Baptiste Clamence



La vie... Elle este volatile comment le humeur d' une femme. Peut être puet être que je appele cette volatilité comment les fous attirent la folie... Commnet il est a l' interieur, il est a l' exterieur, et le desire, le seul maître donc les lecons j' attende est il impitoyable...

Maintenant, je lis La Chute de noveau: le homme est il seul dan le desire, dan les villes bondés, dan le travail, dan ses reves... Nous fuyosn, mais la solitude toujours nous trouve, et nous sommes ici, toujours manqueant la volonte de changer.  

a la votre, mes chers amis et camarades.



viernes, 16 de septiembre de 2011

Nada más eficiente que los vicios... ¿para que? ¡Qué se yo! El nazareno dijo que el reino de Dios estaba en el corazón (ergo no en otro mundo). A estas alturas de la vida, ya no tengo tanta certeza de encontrar a Dios anidando en mi cuerpo. Tendría que venir a estar entre las grasas saturadas, la nicotina y etc.

Para otro momento lo absoluto y la belleza y lo sublime... Por ahora, el fango se conviene y con el me arropo.

Cheers!

miércoles, 10 de agosto de 2011

Mid winter Lust

Hay estudiantes y gente encapuchada irrumpiendo en el diario darse de las cosas. Se siente en el aire. La clase política is loosing its grip y la sociedad explota en un crisol disonante de voces, como una orquesta afinando. A nadie le gusta el gobierno. Estudiantes y encapuchados se toman las calles, unos marchan mientras los otros se descuelgan para quemar comercios, incendiar autos, arrancar semáforos de cuajo mientras esperan que llegue la policía. El orden invocará una vez más la retórica de los carros lanza agua, las lacrimógenas, las lumas. El argumento de fondo es el siempre efectivo recurso a la fuerza anti motines.

Algo un poco más de fondo se percibe bajo todo esto, aunque nadie pueda señalarlo claramente. Chile ha mudado de piel y los conflictos por mucho tiempo administrados con soltura tecnocrática y retórica diletante desbrozan los goznes de la máquina. Por un segundo pienso que la democracia representativa ya ha agotado sus posibilidades, y, si Gramscii estaba en lo correcto (todo orden se sobrepone a las crisis hasta que agota todas las posibilidades en él contenidas), se acerca al comienzo de su declive.

Pero en realidad todo esto no me interesa hoy, porque mientras tanto, la vida sigue imperturbable, y lo noto mi cuerpo, que se obstina en sentir hambre a esta hora de la tarde. Este olimpo bancario, sobre un veinteavo piso, es tierra fértil para mi imaginación, sobre todo teniendo un puesto al lado de un ventanal. Veo con perspectiva de ave una ciudad vuelta maqueta:  allá afuera, distribuidas en los edificios y las calles que se ramifican bajo el aire ennegrecido, las personas trabajan, copulan, compran, venden, se insultan, se aman, se asaltan y se ayudan unas a otras... Si tuviera un par de binoculares, podría descubrirlos, pero sobre todo me gustaría descubrir a una chica regando unos maceteros en su balcón con un vestido amarillo y el pelo tomado. Su piel esta tostada, sus caderas son anchas, se agacha a cambiar el dial de la radio. Es baja y no tiene más de 32 años. Deja las noticias puestas mientras allá abajo, encapuchados y policías se trenzan, piedras y molotof contra gases, lanza aguas, lumas... Comulga conmigo en la indiferencia a lo que está ocurriendo. Riega sus plantas mientras se toma un combinado (vodka tónica) y fuma con esmero un cigarro tras otro.

De pronto, toma unos binoculares, se apoya con relajo (ya esta algo ebria) contra el barandal y comienza a escrutar la ciudad. El sentimiento de hermandad me saca una sonrisa y la posibilidad que se vaya hacia adelante acelera mis latidos. Se detiene ante mi ventana. Se los quita de enfrente de los ojos y saluda con la mano. Con rapidez  respondo mientras ella vuelve a mirar. Luego, apaga un cigarro y señala la ventana al lado del balcón. Entra. Las cortinas de la ventana recién señalada se abren. La chica mira por los binoculares. Aún estoy ahí.

En la oficina, todos se van yendo. El día comienza a declinar y sobre la ciudad convulsa se despliegan nubes naranjas que se arrastran lentamente, raspando el cielo.  Mejor. nadie llegará a preguntar qué hago con un par de binoculares.

Enciende la luz, se para frente a la ventana y para mi felicidad, regocijándose en una hábil parsimonia, se quita uno a uno los zapatos, el vestido, las medias, el sostén... Desnuda finalmente, se para un momento y mira en mi dirección. Me lanza un beso y cierra las cortinas tras de sí.

Los afanes de la humanidad son transitorios. Cualquier cosa que obedezca al arte, la técnica o el esfuerzo de entender, manipular y cambiar, son finalmente fútiles. Sólo tienen importancia las cosas invariables, aquello que no podemos cambiar: el cielo sobre las ciudades, los ciclos del año, la muerte. Nos hermana con la naturaleza lo que hay de inmutable en nosotros, lo que de nosotros no está sujeto al arbitrio y arruina las utopías de estos pobres pendejos soñadores y de los parcos tecnócratas que los reprimen: comer, dormir, matar, sobrevivir... el deseo. 

jueves, 7 de julio de 2011

Bright lights, big city...

miércoles, 6 de julio de 2011

Apología de un Vampiro

Sócrates decía que el mal era cosa de ignorancia: el que hace el mal es porque comete un error y no busca el bien correcto. Vino la ilustración, las ciencias, la democracia y la educación masificada. Sin embargo, siguió habiendo crimen, alcoholismo, vagancia, mediocridad, vicio, pobreza y brutalidad. Todo esto es obra del albedrío humano. Eso me mantuvo vivo: las obscuras calles de la noche me dieron la sangre de cada día, merodeando las tabernas, los prostíbulos, los callejones. Era inevitable que un día fuese apresado.

Aliviado espero se ejecute su sentencia, porque los siglos pesan como pesa su odio y su miedo y la soledad... Sepan, sin embargo, que no pueden alegar justicia, aunque me hayan condenado usando leyes. Sus leyes se aplican a seres con albedrío. En mi caso, sin embargo, mi naturaleza es matar. No es algo que pueda elegir, y por ende, no hay mal en mí, como no lo hay en tener la piel negra o el pelo castaño.

Así como yo maté a sus congéneres para vivir, ustedes me matan para preservarse: el rebaño odia al león porque lo teme. Obran no por el bien, sino por naturaleza. En vez de un juicio y una ejecución, un linchamiento hubiera sido lo correcto...

Epitaph

"What could be said of him, could be said of anybody".

RIP
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