Quería escribir sobre mi abuelo, el tata. Los bosquejos de cuento se fueron truncando (el oficio de cuentista me es difícil, aunque he tenido algunos aciertos), y la decisión final fue volver a este estilo extaño de narrar, tan lleno de mi, tan poco impersonal. Es la falta de oficio. Supongo que a pesar de tres años de teclear, aún soy un principiante.
El día en que estiró la pata, hubo, entre otras cosas, que llamar a la funeraria. El tata vivía en el piso 13 si mal no recuerdo (ya van casi 14 años) con mi abuela en un depto recargado de muebles con tapiz gobelino y mesas y lámparas antiguas de colores sombríos por los años. Aún no amanecía cuando llegué, y el tata ya estaba frío como un fierro y ya mostraba la lividez medio amarillenta de un cadaver. Medía cerca del metro noventa. El ataúd no cabía en el ascensor y las dos personas que lo traían lo tuvieron que subir por las escaleras. Pusieron al tata en el ataúd y le preguntamos a la abuela si quería casquete abierto o cerrado. Dijo que lo quería sellado, así que, por última vez me sente frente a ese rostro que me había hablado y paseado por el centro desde que tenía uso de razón - todos lloraban, pero yo estaba aturdido, y tuvieron que pasar largos 2 años antes que derramará las lágrimas del adiós- y le pasé la mano por la cabeza calva y las mejillas gélidas. Comprendí por primera vez que algún día yo estaría ahí, y mi cuerpo se agusanaría o sería cremado y guardado en un cofrecito de cobre -quizás le toque a alguno de mis nietos dormir con mis cenizas como yo tuve a mi abuela en una mesita los 2 años que viví con mi vieja luego de separarme.
Los tipos dijieron que el ataúd no cabía en el ascensor, y que lo mejor era que lo bajaramos por las escaleras, mientras alguíen se iba en el ascensor con el tata sentado y en el estacionamiento lo colocábamos dentro... Escándalo generalizado, mi madre gesticulando y reprobando la idea, mi abuela llorando en un sillón como una niña abandonada.... Yo me imaginaba a unos vecinos entrando en el ascensor, y bajando con un cadaver sentado: delirio puro. Negociaciones y finalmente hubo que echar mano de la billetera y pagarles por bajar el ataúd con el finado dentro por las escaleras. 13 pisos fuimos (yo y mi primo Cristobal ayudamos en la tarea) bajando lentamente, mientras se nos resvalaba para todos lados. En los descansos, dejabamos al tata en su caja para tomar aire, y fuí recordando todo lo que el viejo me había dicho, sus historias increibles, los tres muñones de la mano izquierda, donde alguna vez hubo dedos (en instrucción de reclutas, el teniente Baeza, enseñándoles a hacer bombas hechizas, cometió un error y el artefacto le explotó en la mano), Gardel, la poesía española que recitaba ya cuando estaba perdiendo la vista y no le quedaba más que recordar.
Recordé que me enseño a jugar ajedrez y a hacer palomas de papél que baten las alas. Me adoctrinó en el anti-pinochetismo (que a la larga le salió mal, porque al mismo tiempo me fui volviendo anarquista y anti militarista). Recordé su asombro y decepción cuando le dije que iba a estudiar Filosofía, su incredulidad por mi pelo largo y los aros y los jeans rajados y la música estridente. lo ví ya viejo y resignado a tener a un nieto beodo, descarriado -uno más en nuestra familia, tan llena de ínfulas siempre decepcionadas por la alta producción de rarezas, descarrío y vicios varios. Recordé uno de sus dichos ("cuerpo de tentación, cara de arrepentimiento" -referencia a alguna chica en la playa, cuyo cuerpo curvado y protuberante le llamó la atención...hasta que se dio vuelta a mirar), la vez que conoció a Ibañez del Campo y estuvo en su despacho cuando dió la orden de matar a los ocupantes del seguro obrero, sus viajes a Europa a cotizar armamento para el ejército; las historias de familiares que nunca conocí, la vez que a su padre, que no bebía, siendo joven, había salido con un par de gringas. Lo habían traido de vuelta a la casa como huasca, arrastrando, y espantada, su la abuela del tata, a partir de ese momento, instauró el vasito de vino al almuerzo (para que aprendiera a tomar).
Como big fish, no sé que fue verdad y donde comienza tu cosecha, pero me entretuviste durante años con tus historias.
Te echo de menos tata. No fuí lo que hubieras querido, pero vives en mí cada día y aún uso tu abrigo de cazador en invierno y un par de las corbatas que cada vez menos me anudo, las llevaste tú. Hojeo con Mateo los libros de la Segunda Guerra Mundial y las Mil y Una Noches con ilustraciones de Sherezada que eran tuyos. Mi hermano lleva tu anillo de matrimonio colgando del cuello, y le conté el otro día a la Antonia que cuando la llevamos a verte al asilo a los 2 años, era primavera, y el viento sopló y cayeron pétalos blancos de un árbol y tu mirabas (estabas flaco y en silla de ruedas con un chal en las piernas) y decías que llovía zeppelines ¿Qué le hubieras contado tú, de manera inigualable, antes de que se fuera a dormir? Las historias de Mur Si Ela y Go, supongo, que me contabas de niño, y a mi madre también.
Si estuvieras ahora, se que me darías el consejo apropiado para levantar cabeza...
Respetuosamente, con un par de lágrimas
Tu nieto
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lunes, 25 de octubre de 2010
lunes, 22 de marzo de 2010
De paso por la casa de orates
(Publicado Originalmente el 18/10/2008)
Donde vivo, duermo con las cenizas de mi abuela. Mi hermano es más creativo al momento de pensar que hacer con el cuerpo después de muerto: quiere ser enbalsamado y que se lo deje sentado en el living para no ser olvidado. Esta idea me seduce: me imagino casas cementerio donde muertos embalsamados pululan por todas partes entre los vivos, para ser usados de percheros, sujetavasos o ceniceros, o para ver como va quedando ese sueter que teje la abuela. Al tener visitas, uno engalanaría a sus muertos más dilectos, aplicaría maquillaje a su piel grisacea para poder presentarlos a los amigos: "este era mi abuelo, que sirvió en el ejercito y me enseño a jugar ajedrez". La muerte sería un mueble más, nada terrible, algo más que empacar en las mudanzas con un aviso de "fragil".
Eso si, con el paso de los años habrían más muertos que vivos y el bodegaje sería complicado. Además ¿como escoger quien se va a la bodega y quien se queda en la casa? Una idea sería rotar: por ejemplo, sacar una generación en verano, otra en invierno. Otra solución sería siguir usando cementerios: pero ¿como determinar con justicia quien debe ir a parar a la custodia de los angeles de piedra? Quizás pudiera legislarse al respecto y así evitar conflictos incómodos en la familia (nada más queda imaginarse el conflicto entre marido y mujer por la madre de quien se queda en la casa y la de quien se entierra).
Mientra tanto, de cuando en vez miro el pequeño cofre con cenizas en la noche antes de dormirme. Recuerdo que para los últimos momentos se le aplicaba morfina y en el velador siempre había ampollas. A veces me enojo conmigo mismo: ¿Por qué nunca me pele una?
Donde vivo, duermo con las cenizas de mi abuela. Mi hermano es más creativo al momento de pensar que hacer con el cuerpo después de muerto: quiere ser enbalsamado y que se lo deje sentado en el living para no ser olvidado. Esta idea me seduce: me imagino casas cementerio donde muertos embalsamados pululan por todas partes entre los vivos, para ser usados de percheros, sujetavasos o ceniceros, o para ver como va quedando ese sueter que teje la abuela. Al tener visitas, uno engalanaría a sus muertos más dilectos, aplicaría maquillaje a su piel grisacea para poder presentarlos a los amigos: "este era mi abuelo, que sirvió en el ejercito y me enseño a jugar ajedrez". La muerte sería un mueble más, nada terrible, algo más que empacar en las mudanzas con un aviso de "fragil".
Eso si, con el paso de los años habrían más muertos que vivos y el bodegaje sería complicado. Además ¿como escoger quien se va a la bodega y quien se queda en la casa? Una idea sería rotar: por ejemplo, sacar una generación en verano, otra en invierno. Otra solución sería siguir usando cementerios: pero ¿como determinar con justicia quien debe ir a parar a la custodia de los angeles de piedra? Quizás pudiera legislarse al respecto y así evitar conflictos incómodos en la familia (nada más queda imaginarse el conflicto entre marido y mujer por la madre de quien se queda en la casa y la de quien se entierra).
Mientra tanto, de cuando en vez miro el pequeño cofre con cenizas en la noche antes de dormirme. Recuerdo que para los últimos momentos se le aplicaba morfina y en el velador siempre había ampollas. A veces me enojo conmigo mismo: ¿Por qué nunca me pele una?
jueves, 18 de marzo de 2010
Rêver
La morte once more. Todo huele a ello últimamente, al miedo en un puñado de polvo, el último lecho para cerrar los ojos por última vez...a last dreamless slumber made of worms and bones? Tal es la pregunta al parecer…
Arraigan raíces bajo los escombros y las lápidas, y pequeños tréboles asoman entre las grietas para que un niño descubra uno de cuatro hojas y se sienta afortunado. Esta certeza te la doy firmada (hay una iglesia vieja y grande. El terremoto tumbo su torre, pero al mirarla, vi pasto creciendo entre los muros viejos y las grietas polvorientas). Bajo los escombros de Europa en el 45, jugaban niños; el polvo bajo los pies infantiles en las plazas y ciudades, ha recibido la muerte en todas sus variantes veces sin cuenta.
Al final todo se reduce a los sueños, ya que nada parece poder escapar a este apelativo: la muerte, las zzz de cada noche, el mundo de la vigilia, que, desde Descartes, no podemos probar que sea más que sueños que soñamos; también esas ilusiones que sacan suspiros y son responsables de mucha poesía (de calidad variable, debo confesar) y más de la mitad de lo que escuchamos en America Latina (desde Manzanero a Arjona -definitivamente no soy romántico).
De hecho, nada más parecido a los sueños que la palpable y visible realidad: cáustica red de causas y efectos que deja espacio para todo. Hay espacio para los sueños y para el albedrío en las pequeñas rendijas que quedan entre los hechos. Aquí se cuelan las mariposas y ombligos sinuosos, pero a veces se cuelan dos ojos sosteniendo una navaja en la noche. Los milagros y la tragedia caminan de la mano, y nada que hacer, uno juega a que esto tenga sentido y edifica sus vida de sueños lo mejor que puede, pero la cósmica maquinaria del devenir los desbarata de tiempo en tiempo, con sus tragedias inefables o sus insignificantes e implacables minucias del día a día. Nothing as per plan, pero allí realmente empieza a parecerse a ese otro sueño.
Es evidente que llamamos sueños a esas cosas como las musas o la felicidad, por constituir algo que esta fuera de la realidad palpable y visible. Pero el sueño que se encuentra tras los párpados es tan incontrolable y tan azaroso como la realidad palpable y visible que se aparece al abrir los ojos cada mañana. Me parece que la ilusión, la musa, el deseo de riqueza sin límites, los vivieron felices para siempre and all that ballony, no debieran llamarse con este apelativo.
El sueño onírico y el sueño de la vigilia difieren notablemente en su arquitectura. En uno podemos estar con una mujer y al siguiente, esa mujer tiene una barba ronca. Estas cosas no suceden en la vigilia. Sin embargo, y entrenando mucho los sentidos, uno descubre esas aforementioned cracks, y lo onírico se cuela para deleite del ojo perito: uno ve que estuvo siempre allí, bajo nuestras narices. Ambos sueños se parecen en lo incontrolables. Al igual que las pesadillas o los sueños salpicados, la realidad tiene caras que nos asaltan y sorprenden, deleitan y espantan… o literalmente nos apagan.
Al igual que en el mundo onírico, el mundo de la vigilia es impermeable a esos “sueños” transidos de Arjona y de las hadas y los duendes con sus duraznos. Nada es suficientemente estable, nadie es suficientemente bueno ni suficientemente vil. Lo prefiero así. No me gusta el cielo de los ángeles con aureolas sentados en nubes de algodón tocando arpas, ni el león haciéndole arrumacos a la gacela. El amor es problemático ya que la amada/o se tira pedos y despierta con lagañas en los ojos y su aliento mañanero evidencia que es mortal (aparte de tener pequeños defectillos como volverse cotidiana/o, envejecer, y a la postre mostrarnos que nada de lo especial que veíamos en el/ella obedecía a la realidad, sino que era factura exclusiva de nuestra mentirosa y soterrada necesidad de escapar de la soledad y de esa otra más profunda: follad y poblad la tierra); la vida es azarosa; el trabajo es anodino pero there you go, es la quintaesencia de nuestra susistencia, subsistencia en muchos casos servil, en muchos casos plana y enojosamente cotidiana. Lo otro huele a cuna y talco, y dejemonos de hüevadas, el kindergarten ya quedo en el camino hace tieeeempo.
Nada, no se adonde voy con esto. Debiera estar trabajando y aqui estoy tratando de responder sin ideas claras a un fragmento de Eliot. Au revoir...Au Rêver
Arraigan raíces bajo los escombros y las lápidas, y pequeños tréboles asoman entre las grietas para que un niño descubra uno de cuatro hojas y se sienta afortunado. Esta certeza te la doy firmada (hay una iglesia vieja y grande. El terremoto tumbo su torre, pero al mirarla, vi pasto creciendo entre los muros viejos y las grietas polvorientas). Bajo los escombros de Europa en el 45, jugaban niños; el polvo bajo los pies infantiles en las plazas y ciudades, ha recibido la muerte en todas sus variantes veces sin cuenta.
Al final todo se reduce a los sueños, ya que nada parece poder escapar a este apelativo: la muerte, las zzz de cada noche, el mundo de la vigilia, que, desde Descartes, no podemos probar que sea más que sueños que soñamos; también esas ilusiones que sacan suspiros y son responsables de mucha poesía (de calidad variable, debo confesar) y más de la mitad de lo que escuchamos en America Latina (desde Manzanero a Arjona -definitivamente no soy romántico).
De hecho, nada más parecido a los sueños que la palpable y visible realidad: cáustica red de causas y efectos que deja espacio para todo. Hay espacio para los sueños y para el albedrío en las pequeñas rendijas que quedan entre los hechos. Aquí se cuelan las mariposas y ombligos sinuosos, pero a veces se cuelan dos ojos sosteniendo una navaja en la noche. Los milagros y la tragedia caminan de la mano, y nada que hacer, uno juega a que esto tenga sentido y edifica sus vida de sueños lo mejor que puede, pero la cósmica maquinaria del devenir los desbarata de tiempo en tiempo, con sus tragedias inefables o sus insignificantes e implacables minucias del día a día. Nothing as per plan, pero allí realmente empieza a parecerse a ese otro sueño.
Es evidente que llamamos sueños a esas cosas como las musas o la felicidad, por constituir algo que esta fuera de la realidad palpable y visible. Pero el sueño que se encuentra tras los párpados es tan incontrolable y tan azaroso como la realidad palpable y visible que se aparece al abrir los ojos cada mañana. Me parece que la ilusión, la musa, el deseo de riqueza sin límites, los vivieron felices para siempre and all that ballony, no debieran llamarse con este apelativo.
El sueño onírico y el sueño de la vigilia difieren notablemente en su arquitectura. En uno podemos estar con una mujer y al siguiente, esa mujer tiene una barba ronca. Estas cosas no suceden en la vigilia. Sin embargo, y entrenando mucho los sentidos, uno descubre esas aforementioned cracks, y lo onírico se cuela para deleite del ojo perito: uno ve que estuvo siempre allí, bajo nuestras narices. Ambos sueños se parecen en lo incontrolables. Al igual que las pesadillas o los sueños salpicados, la realidad tiene caras que nos asaltan y sorprenden, deleitan y espantan… o literalmente nos apagan.
Al igual que en el mundo onírico, el mundo de la vigilia es impermeable a esos “sueños” transidos de Arjona y de las hadas y los duendes con sus duraznos. Nada es suficientemente estable, nadie es suficientemente bueno ni suficientemente vil. Lo prefiero así. No me gusta el cielo de los ángeles con aureolas sentados en nubes de algodón tocando arpas, ni el león haciéndole arrumacos a la gacela. El amor es problemático ya que la amada/o se tira pedos y despierta con lagañas en los ojos y su aliento mañanero evidencia que es mortal (aparte de tener pequeños defectillos como volverse cotidiana/o, envejecer, y a la postre mostrarnos que nada de lo especial que veíamos en el/ella obedecía a la realidad, sino que era factura exclusiva de nuestra mentirosa y soterrada necesidad de escapar de la soledad y de esa otra más profunda: follad y poblad la tierra); la vida es azarosa; el trabajo es anodino pero there you go, es la quintaesencia de nuestra susistencia, subsistencia en muchos casos servil, en muchos casos plana y enojosamente cotidiana. Lo otro huele a cuna y talco, y dejemonos de hüevadas, el kindergarten ya quedo en el camino hace tieeeempo.
Nada, no se adonde voy con esto. Debiera estar trabajando y aqui estoy tratando de responder sin ideas claras a un fragmento de Eliot. Au revoir...Au Rêver
martes, 16 de marzo de 2010
Death.
(Vomitado entre el 10 y el 15 de Marzo)
Los muertos rondan mis pensamientos estos días. Muchos se han ido ya con los años,, cercanos y no tantos, de distintas maneras: choque, suicidio, vejez, cancer,coma etílico, accidentes y otros, apuñalamiento y disparo...El catastro acaba ahí, pero cuando pienso en no estar más, siento algo primordial que es como el miedo, pero no es miedo exactamente.
Los muertos rondan mis pensamientos estos días. Muchos se han ido ya con los años,, cercanos y no tantos, de distintas maneras: choque, suicidio, vejez, cancer,coma etílico, accidentes y otros, apuñalamiento y disparo...El catastro acaba ahí, pero cuando pienso en no estar más, siento algo primordial que es como el miedo, pero no es miedo exactamente.
Miedo me dan las serpientes y miedo me da la pobreza, no la muerte. Pero algo se siente frente a ese momento inexorable, y se siente en la carne y en el alma que late en el corazón e irriga de movimiento los miembros. La muerte es necesaria: se dice por ahí incluso que el cuerpo esta genéticamente programado para morir -sería un proceso normal que le acaece, como la perdida de eslasticidad en la piel, la menopausia o el deterioro de los reflejos y de los sentidos.
Por otro lado, está como siempre la lectura, el símbolo de la muerte. No es sólo que algo, esto acabe: lo que ronda por nuestra mente es una pregunta que permanece sin responder hasta que se da el paso tras ese umbral: ¿Y si todo se acaba? Sin trascendencia de ningún tipo, todo acaba con el último aliento, y nuestro mundo y todo lo que es y nosotros nos apagamos como un televisor para nunca más encendernos.
La muerte como la nada...Uno pensaría que esto llevaría a un apego enfermizo a la vida, y un miedo inconcebible a la muerte. Y de cierta manera, esto es así, si consideramos la evolución secular de occidente y el camino progresivo hacia la eliminación, paso por paso, de la muerte, de la enfermedad, de la inseguridad, de la violencia....El sueño que anima y justifica en sus conexiones más profundas la sociedad tecnológica (introducir la ciencia en la manufactura de las sociedades, sus herramientas y finalmente de la vida misma de los hombres) es el de erradicar toda forma de sufrimiento y dolor -las resemblanzas y los sacramentos de la muerte, y al final de todo, la muerte. Testimonios son alka selzer, viagra, la quimioterapia, la policía, los seguros de cesantía, los derechos humanos... Pero este es el hombre que busca un sentido dentro del sinsentido de la existencia condenada a pasar a la nada al final del camino. Este hombre obedece a otra motivación, de la que adolece el que realmente ve la existencia como encaminada a la nada, y el universo como acabando en el abismo de los hoyos negros. El hombre que llega al ensombrecimiento de la vida, al sin-sentido, es quien ve la nada extenderse desde el otro lado del umbral y llenar este lado, el lado de la existencia y del ser. La nada lllena de el ser de indiferencia, lo hace anodino, plano, un sin-sentido que es por mero azar o por mecánica: in tenebras cadit. El dolor del mundo es la asedia y de la desesperación se llega al suicidio.
El hombre de la creencia "en el hombre", en el progreso técnico y el mundo que promete, obedece al mismo impulso que el hombre que cree en la trascendencia: lo mueve la necesidad de que el mundo tenga sentido, y que la vida y lo que esta aquí valga algo...Y lo vale siempre y cuando remita a algo que lo trasciende, sea secular o místico o por artículo de fé. El sin sentido es no remitir a nada, o, para ser más precisos, remitir a la nada . Para el hombre secular, la muerte es el fin, y la nada, pero lo que importa esta aquí, en este pequeño interludio de 70-80 años entre dos nadas. La muerte debe llegar al hombre que "hace" y que "construye" y que obra el bien a través del cambio real del mundo, hacia algo mejor. El hombre secular y progresista es intrínsecamente moral -a lo menos así justifica su acción, y esa es su fé...y el sentido. podrá ser agnóstico o ateo, pero cree en toda esa serie de entidades metafísicas que su ciencia no puede cuantificar ni medir ni someter al método experimental: la justicia, la dignidad humana, la solidaridad, etc.
El resto de nosotros ve algo que esta más allá. Algo que de una forma u otra, está detrás del mundo, encima, debajo. Todo tiende a esto, todo descansa en esto y todo proviene de esto. Aquí nos topamos con un segundo símbolo, la muerte como trancisión, cambio, pasaje. Un tercero también emana de aquí: la muerte como juicio.
La carta XIII, La Morte, el angel o el jinete de la muerte, viene a llevarnos: anuncia la transformación en la que algo muere y algo comienza. La muerte es el peldaño entre un nosotros y otro -que sigue siendo nosotros. El tarot pone a la muerte después del colgado. El loco viene siguiendo un camino que lo lleva a la epojé: colgando de un píe, mira todo de forma pasiva, sin juizgar. Las cosas son lo que son, y las monedas que caen de sus bolsillos son meros discos plateados. Todo queda suspendido: y la calma es preparación para la transformación: cuando todas las creencias que vestimos se dejan suspendidas y el mundo aparece como mera apariencia, uno esta listo para morir, las creencias aparecen como eso, meras creencias, y los conceptos y las palabras dejan de pesar. Entender que el mundo es el mundo y las cosas son como son, que las palabras con que nos las apropiamos no son más que arañazos en la superficie, pero las cosas y su decurso se les escapan, resbalan, le son inaccesibles. La carta XIII, representa la reducción a la más básica fundación. Todo lo que no pertenece a la esencia se sacude y se deja atrás. La vuelta a lo esencial significa un nuevo comienzo. Como símbolo, la carta XIII representa el dejar atrás algo y nacer a otra cosa: para subir al próximo peldaño, muchas cosas deben quedar atrás. La muerte no es algo definitivo, sino un desvestirse de algo para poder vestir un nuevo yo. La muerte no es el final del camino, sino un hito más en el camino. A esta manera de ver las cosas pertenece el budismo, el hinduismo, y en general, todo lo que cree que esta vida (la vida que vivimos), es un paso entre tantos. El hecho que la carta XIII no sea la última es decidor: el final del camino del loco es el mundo (carta XXII), y al mundo (al todo), se llega luego de un largo camino en el que uno debe morir y renacer muchas veces. El mundo es lo que queda cuando se descorre el velo de maya, se cruza las arenas de la soledad absoluta, la noche del alma, el desierto de daath. La muerte del yo egóico y la union con "Dios"...
Vista así, la muerte pierde la gravedad que tiene en el mundo occidental, al igual que el dolor: no son nada definitivo, sólo un paso necesario en un ascenso hacia la divinidad, el nirvana o llamese como se quiera llamar. En esta vida o en vidas sucesivas, la muerte y el dolor son relativizados -el desapego budista apunta a este fin - el dolor es el concomitante necesario de toda transformación. Desvestirse de la ilusión de lo efímero y llegar a la conciencia que está detrás de toda conciencia que diga yo... Quizás este sea también la puerta al final del desierto del daath, donde se accede a la corona que está más arriba de la cabeza: el hombre -real o arquetípico- debe al final abandonarse para llegar a actualizar toda su potencia: "...when you see god, you will die in ego nature, and nothing will be left of you but the god man and the god woman, the heavenly man and the heavenly woman and the heavenly child (...) this is all a dream, a dreaming death"...(ir al final de la página, video "Static").
Finalmente, el otro símbolo de la muerte está en la tradición cristiana ya no mística, sino clerical: la muerte como el juicio, y sus raices son las mismas de las que bebe el Islám y el Judaismo -supongo que todos se deben a los sumerios o los caldeos o los arcadios. La extinción de la vida física es la vuelta a la tierra del cuerpo; el alma sin embargo queda a la espera del juicio, donde se define su destino par secular seculorum. Todos conocemos este otro mundo de condenación o salvación. Esta vida recibe su sentido remitiendo a un otro mundo donde las faltas y los aciertos son pesados, juzgados y el todopoderoso deja caer el martillo para cada alma, de una vez y para siempre.
Todo esto es la muerte para los hombres. Con convicción y seriedad varias, nos jugamos por dar a este símbolo una de estas lecturas. Quisiera dar otra.
No me consta que la vida eterna esté en los planes de esa entidad que llamamos Dios. ¿Por qué debiera estarlo? No me consta que haya otras vidas, que reencarnemos, que lleguemos al nirvana o a fundirnos y disolvernos en una conciencia universal. No me consta que nos apaguemos como una vela y quede una cena para gusanos como último vestigo de nuestro paso por la clase de historia (tuve una profesora de aquellas que mojaban los sueños de cualquier adolescente promedio...), el matrimonio, el pecado, los empleos y los cajeros automáticos. Sin embargo, en este humilde ofrecimiento que traigo directamente desde la importadora y pensada para el caballero y la dama que sólo cuenta con su experiencia y sus sentidos, se parte de algo incierto que se toma como premisa (ninguna premisa es cierta, pero hay que partir de alguna parte): la salvación es posible, y se juega de momento a momento, al igual que el infierno. Ninguno de los dos es definitivo, y quien se pierde puede volverse salvo y quien esta salvo puede perderse. Cada momento ofrece la disyuntiva, y trae posibilidades siempre renovadas para el pecado, la virtud, la desesperación, la paz, la violencia., un par de medias, dos gramos de coca, rescatar al prójimo de la muerte o estrangular a nuestra pareja. Deberemos escoger algo -nuestro destino es decidir, y cada decisión traerá consecuencias: el albedrío consiste la elección y la elección es el cincel que esculpe el destino (obvio, ¿no?). -en cada monstruo hay un ángel latente; en cada ángel un monstruo dormita. Sin embargo, incluso la carcel o el patíbulo pueden encerrar una posibilidad, la salvación esta en todas partes -comment l' enfers. La salvación parte por aceptar lo que es como es; lo hecho, hecho esta, etc. Se pasa por el dolor que necesariamente tiene que experimentarse aunque lo consideremos injusto -mi experiencia indica que rara vez es así; se acepta el goce que llega aunque no nos creamos dignos -mi experiencia indica que rara vez es así; la lluvia nos araña si así debe ser, la aurora nos libera del pasado para partir de nuevo. Si la salvación esta presente como posibilidad en cada minuto, y consiste en aceptar lo que es como es y lo que debe pasar porque es así como todo debe ser, la muerte deja de torturarnos...
Esto es sin embargo, el final del camino, es la salvación definitiva, en esta vida... Estando allí, poco importa que la carne se apague, que el espíritu se apague o si veremos o no a Beatriz ante el inconcebible. Por mientras, nuestra carne presiente la muerte como una raiz podría presentir la sequía, y transidos de la posibilidad del infierno y la perdición, la tememos con los latídos y la saliva y la respiración. Tememos incluso la transformación y la muda de piel que periódicamente impone este negocio de vivir y aprender. La experiencia es como la fragua, y deja cicatrices...
Por mientras, los muertos rondan mis recuerdosy mis sueños, y levanto mi vaso en su memoria. Algún día temido, moraré entre ellos y el olvido borrará mis pasos en esta piedra...
El resto de nosotros ve algo que esta más allá. Algo que de una forma u otra, está detrás del mundo, encima, debajo. Todo tiende a esto, todo descansa en esto y todo proviene de esto. Aquí nos topamos con un segundo símbolo, la muerte como trancisión, cambio, pasaje. Un tercero también emana de aquí: la muerte como juicio.
La carta XIII, La Morte, el angel o el jinete de la muerte, viene a llevarnos: anuncia la transformación en la que algo muere y algo comienza. La muerte es el peldaño entre un nosotros y otro -que sigue siendo nosotros. El tarot pone a la muerte después del colgado. El loco viene siguiendo un camino que lo lleva a la epojé: colgando de un píe, mira todo de forma pasiva, sin juizgar. Las cosas son lo que son, y las monedas que caen de sus bolsillos son meros discos plateados. Todo queda suspendido: y la calma es preparación para la transformación: cuando todas las creencias que vestimos se dejan suspendidas y el mundo aparece como mera apariencia, uno esta listo para morir, las creencias aparecen como eso, meras creencias, y los conceptos y las palabras dejan de pesar. Entender que el mundo es el mundo y las cosas son como son, que las palabras con que nos las apropiamos no son más que arañazos en la superficie, pero las cosas y su decurso se les escapan, resbalan, le son inaccesibles. La carta XIII, representa la reducción a la más básica fundación. Todo lo que no pertenece a la esencia se sacude y se deja atrás. La vuelta a lo esencial significa un nuevo comienzo. Como símbolo, la carta XIII representa el dejar atrás algo y nacer a otra cosa: para subir al próximo peldaño, muchas cosas deben quedar atrás. La muerte no es algo definitivo, sino un desvestirse de algo para poder vestir un nuevo yo. La muerte no es el final del camino, sino un hito más en el camino. A esta manera de ver las cosas pertenece el budismo, el hinduismo, y en general, todo lo que cree que esta vida (la vida que vivimos), es un paso entre tantos. El hecho que la carta XIII no sea la última es decidor: el final del camino del loco es el mundo (carta XXII), y al mundo (al todo), se llega luego de un largo camino en el que uno debe morir y renacer muchas veces. El mundo es lo que queda cuando se descorre el velo de maya, se cruza las arenas de la soledad absoluta, la noche del alma, el desierto de daath. La muerte del yo egóico y la union con "Dios"...
Vista así, la muerte pierde la gravedad que tiene en el mundo occidental, al igual que el dolor: no son nada definitivo, sólo un paso necesario en un ascenso hacia la divinidad, el nirvana o llamese como se quiera llamar. En esta vida o en vidas sucesivas, la muerte y el dolor son relativizados -el desapego budista apunta a este fin - el dolor es el concomitante necesario de toda transformación. Desvestirse de la ilusión de lo efímero y llegar a la conciencia que está detrás de toda conciencia que diga yo... Quizás este sea también la puerta al final del desierto del daath, donde se accede a la corona que está más arriba de la cabeza: el hombre -real o arquetípico- debe al final abandonarse para llegar a actualizar toda su potencia: "...when you see god, you will die in ego nature, and nothing will be left of you but the god man and the god woman, the heavenly man and the heavenly woman and the heavenly child (...) this is all a dream, a dreaming death"...(ir al final de la página, video "Static").
Finalmente, el otro símbolo de la muerte está en la tradición cristiana ya no mística, sino clerical: la muerte como el juicio, y sus raices son las mismas de las que bebe el Islám y el Judaismo -supongo que todos se deben a los sumerios o los caldeos o los arcadios. La extinción de la vida física es la vuelta a la tierra del cuerpo; el alma sin embargo queda a la espera del juicio, donde se define su destino par secular seculorum. Todos conocemos este otro mundo de condenación o salvación. Esta vida recibe su sentido remitiendo a un otro mundo donde las faltas y los aciertos son pesados, juzgados y el todopoderoso deja caer el martillo para cada alma, de una vez y para siempre.
Todo esto es la muerte para los hombres. Con convicción y seriedad varias, nos jugamos por dar a este símbolo una de estas lecturas. Quisiera dar otra.
No me consta que la vida eterna esté en los planes de esa entidad que llamamos Dios. ¿Por qué debiera estarlo? No me consta que haya otras vidas, que reencarnemos, que lleguemos al nirvana o a fundirnos y disolvernos en una conciencia universal. No me consta que nos apaguemos como una vela y quede una cena para gusanos como último vestigo de nuestro paso por la clase de historia (tuve una profesora de aquellas que mojaban los sueños de cualquier adolescente promedio...), el matrimonio, el pecado, los empleos y los cajeros automáticos. Sin embargo, en este humilde ofrecimiento que traigo directamente desde la importadora y pensada para el caballero y la dama que sólo cuenta con su experiencia y sus sentidos, se parte de algo incierto que se toma como premisa (ninguna premisa es cierta, pero hay que partir de alguna parte): la salvación es posible, y se juega de momento a momento, al igual que el infierno. Ninguno de los dos es definitivo, y quien se pierde puede volverse salvo y quien esta salvo puede perderse. Cada momento ofrece la disyuntiva, y trae posibilidades siempre renovadas para el pecado, la virtud, la desesperación, la paz, la violencia., un par de medias, dos gramos de coca, rescatar al prójimo de la muerte o estrangular a nuestra pareja. Deberemos escoger algo -nuestro destino es decidir, y cada decisión traerá consecuencias: el albedrío consiste la elección y la elección es el cincel que esculpe el destino (obvio, ¿no?). -en cada monstruo hay un ángel latente; en cada ángel un monstruo dormita. Sin embargo, incluso la carcel o el patíbulo pueden encerrar una posibilidad, la salvación esta en todas partes -comment l' enfers. La salvación parte por aceptar lo que es como es; lo hecho, hecho esta, etc. Se pasa por el dolor que necesariamente tiene que experimentarse aunque lo consideremos injusto -mi experiencia indica que rara vez es así; se acepta el goce que llega aunque no nos creamos dignos -mi experiencia indica que rara vez es así; la lluvia nos araña si así debe ser, la aurora nos libera del pasado para partir de nuevo. Si la salvación esta presente como posibilidad en cada minuto, y consiste en aceptar lo que es como es y lo que debe pasar porque es así como todo debe ser, la muerte deja de torturarnos...
Esto es sin embargo, el final del camino, es la salvación definitiva, en esta vida... Estando allí, poco importa que la carne se apague, que el espíritu se apague o si veremos o no a Beatriz ante el inconcebible. Por mientras, nuestra carne presiente la muerte como una raiz podría presentir la sequía, y transidos de la posibilidad del infierno y la perdición, la tememos con los latídos y la saliva y la respiración. Tememos incluso la transformación y la muda de piel que periódicamente impone este negocio de vivir y aprender. La experiencia es como la fragua, y deja cicatrices...
Por mientras, los muertos rondan mis recuerdosy mis sueños, y levanto mi vaso en su memoria. Algún día temido, moraré entre ellos y el olvido borrará mis pasos en esta piedra...
lunes, 1 de marzo de 2010
From the distance
I am fortunate, and today at this time, my thoughts fly to a friend who is alone amidst the deris and the remnants of an island washed away. I hope he wonders no more, I hope he finds her and, above all, I hope she is alive.
Once again we have been taught that we are but insignificant matter in the blind reality of cause and effect. Once again I have escaped unharmed, but your eyes are seeing it and your skin is feeling it...I can do nothing but pray and hope and wish that everything goes well.
My thoughts go to you JC, my friend...
Once again we have been taught that we are but insignificant matter in the blind reality of cause and effect. Once again I have escaped unharmed, but your eyes are seeing it and your skin is feeling it...I can do nothing but pray and hope and wish that everything goes well.
My thoughts go to you JC, my friend...
lunes, 4 de enero de 2010
Weltschmerz
Una persona camina por las calles durante la noche. Vagando, llega frente a un edificio que ha frecuentado anteriormente. Entra y no es detenido porque los concerjes lo conocen. Sube en el ascensor hasta el veinteavo piso. Se para frente a las escaleras. Fuma dos cajetillas de cigarros. Después de dos horas de estar allí, se lanza al vacío.
Hay dos horas entre el momento en que llega al lugar y el momento en que comete suicidio. Uno puede venturar que pasó por su cabeza, preguntarse por qué lo hizo, culparse, mirar en retrospectiva y buscar los indicios que debieron haberse notado... Los suicidas normalmente demoran el acto. Uno quisiera entender por qué. El miedo a la muerte es algo que se lleva en la carne, y sin embargo estas personas parecen haber anulado semejante reacción. Dado que no es una lucha con el miedo, la pregunta vuelve otra vez: ¿Qué es lo que explica que los suicidas miren el agua desde el puente, el abismo desde la corniza, preparen la carta o ajusten la soga y dejen la banca alineada? ¿Será el desprecio final por una vida en la que ya no desean parte? ¿Será el goce final del mundo de los sentidos? ¿Querrán mirar una vez más un mundo cargado de circunstancias agobiantes, y sentir el alivio de no tener que encararlo otra vez con la salida del sol? ¿Buscarán la razón que los impulse a dar marcha atrás y soportar un día más arrastrando el metro con los pies, las calles en la ventana de la micro?
La tradición cristiana analizó el alma humana para disectar el pecado. Al suicida corresponde el estado de la asedia (acedia). Es "el dolor del mundo". La acedia es la sintomatología psicológica que lleva a una de las formas de la pereza: cuando todo deja de importar, incluso que a uno ya no le importa. Se deja de hacer cualquier cosa: trabajar, comer, orar, ya que pesan sobre el alma y duelen. Sobreviene en el monje, al momento del mediodía, y es un demonio: el demonio del mediodía. Sin embargo, tras la acedia hay un concepto más general y más acorde con el suicida: la desperatio. La desperatio es la antítesis de la esperanza. Y la esperanza es acerca de dos posibles cosas: los bienes y placeres del mundo y la otra apunta a Dios y la esperanza de la redención. La desperatio es desesperar del mundo y de Dios. Un estado en el que sobreviene la acedia: sin esperanza, la persona se deja estar hasta el punto de no preocuparse de su bienestar; incluso dicen que"desespera de su salvación". Sin embargo, eso no necesariamente lleva al suicidio. El suicidio es desperare: llevar la desesperanza (dejar de tener esperanza) al acto. Es el último escape: primero se escapa de la gracia divina hacia los bienes de este mundo. Pero a veces este mundo se vuelve pesado y se experimenta el "dolor del mundo". Finalmente se llega al suicidio.
Encuentro que el personalizar estos impulsos es acertado. Me pregunto si será realmente esa persona la que comete ese acto. Hay toda una nomenclatura de "demonios" que sobrevienen en las personas: cuando un impulso o estado de ánimo se vuelve predominante, se supone un demonio actuando. El que desespera esta bajo la egida de Belphegor, demonio de la pereza. Esta idea de personalizar nuestros impulsos es interesante. No sólo esta presente en el cristianismo: las corrientes esotéricas y las religiones orientales nos hablan del astral inferior...En todos ellos, hay voluntades, fuerzas personalizadas que de una u otra forma se apoderan de la persona del suicida, del vicioso, del sexópata, etc. La psicología y la ciencia tampoco escapan a esta tendencia a llenarnos de entidades. Bajo categorías como subconsciente, superego, etc., el psicoanálisis escindió la personalidad como la imagen en un espejo roto. La terapia tendría que reconstruir una imagen "normal" sin resquebrajamientos, deformaciones, magnificaciones, etc.
Sea por demonios, sucubos o incubos, tendencias inconscientes...todos coinciden en que nuestro "nosotros" esta transido de cosas que "no son nosotros".
Los griegos y su ética eran distintos: las pasiones y los afectos se volvían contra quien no los sabía equilibrar. Al final era cosa de razonar correctamente: domar los impulsos con la sabiduría práctica. En el esoterísmo, se trata de balancear la energía, no dejarse llegar a vibrar muy bajo...En el cristianismo se trata de purificarse de la carne y el pecado...AL final, todo vuelve, en su nacimiento, al punto del ser consciente y a la persona...
No se, este tema me deja perplejo... el suicidio me parece el más paradójico de los actos, y, al final, no puedo deslindarlo del dominio de la decisión y la voluntad...Vuelve la pregunta: ¿por qué el suicida demora todo? Pienso que es desperare, un mundo que se ennegrece. Todo se iguala en una anodina indiferencia parca y gris...Los árboles se agitan al viento y es indiferente, la persona amada sonrie y pesa como el plomo... El cristianismo condena este acto. No puedo creer que sea la perdición eterna... No puedo creer que un Dios que nos hizo libres nos condene a la eternidad del horror y el dolor por ejercer una libertad en un mundo incierto y con conocimiento incierto...El juicio no es amor, y el amor es la promesa, ese es el camino, el amor es el perdón.
Lo cierto es que una presencia no volverá a dormir en una habitación, una niñita no volverá a ver la cara a la que le dice papá, unas risas y unas tallas no volverán a resonar por los pasillos...3 personas que alguna vez conocí y a las que estimé perecieron por su propia mano. Pero el mundo sigue girando. Cuando yo muera, no se que morirá conmigo: sólo se que la memoria es efímera y habrá un florero más con flores secas y una loza barrida por las hojas y el viento y el polvo, que eso somos.
lunes, 23 de febrero de 2009
Adriana Gamboa
Descansa en paz. Te llevas una tajada de mi niñez y la calle Santa Elvira, el parrón y el reloj cucú que marca las tardes de los domingos silenciosas de siesta hace ya años. Te llevas también los últimos vestigios vivientes de mis tatas, el ajedrez, ser arrastrado a misa con rigor semanal por la abuela, la casa de la playa, los parientes vistos sólo para tu cumpleaños, las fotos sepia de antepasados que jamás conocí, los sermones, el patio de luz. Contigo terminan de morir todos los viejos, los rosarios, los santorales, el domingo de ramos, la anilina y el concepto tradicional de familia.
"Quien canta es mi carozo, pues mi cuerpo al fin tiene un alma"
Gracias
Adiós
"Quien canta es mi carozo, pues mi cuerpo al fin tiene un alma"
Gracias
Adiós
miércoles, 18 de febrero de 2009
Hospital
Otra vez los pasillos de un hospital.
Otra vez siguiendo a alguien
tendido en una camilla, ascensores,
puertas que dan a camastros con gente
inerme en impresentables batas blancas.
Otra vez las jeringas, los algodones,
salas de espera
Otra vez salas de espera.
Otra vez alguien se apresta a dejarme aquí
mirándome desde ojos apagados y rostro de piedra frio
y piel lívida.
Entre enfermeras ascepticas
y una mano que no volverá a partir un pan,
entre enfermeras
administrando los sacramentos seculares
para el dolor y la agonía:
sentiré la inquietud
primodrial, primigenia.
Nuestra carne es comida de gusanos.
Otra vez siguiendo a alguien
tendido en una camilla, ascensores,
puertas que dan a camastros con gente
inerme en impresentables batas blancas.
Otra vez las jeringas, los algodones,
salas de espera
Otra vez salas de espera.
Otra vez alguien se apresta a dejarme aquí
mirándome desde ojos apagados y rostro de piedra frio
y piel lívida.
Entre enfermeras ascepticas
y una mano que no volverá a partir un pan,
entre enfermeras
administrando los sacramentos seculares
para el dolor y la agonía:
sentiré la inquietud
primodrial, primigenia.
Nuestra carne es comida de gusanos.
viernes, 6 de febrero de 2009
Decisiones Post Mortem
Debo agregar que ese momento de certidumbre luego se abre otra vez. Yo y el moribundo podríamos diferir una vez más... ¿Escogerá la dicotomía que nos enseñan ya con largueza pedante el púlpito y los predicadores de todas las confesiones cristianas, y que la educación desliza con el golpeteo del día a día sub species de las inhibiciones y los imperativos de la conducta proba y la moral? En resúmen: ¿Escogerá La dicotomía entre cielo e infierno, castigo o redención? Puede también que en algunos momentos más (momento urdido en toda una vida), exhale y esa exhalación sea su acto final, que escoga cesar de ser, como se acaba la transmisión y sólo quedan hormigas crujiendo en la pantalla que alumbra el living vacío de una casa durmiente, sólo que el canal nunca volverá al aire. Puede escoger volver a encarnar, por ver una vez más, en otro cuerpo y en otro tiempo, el detalle de las rosas o los atardeceres o los muslos de una mujer -la esencia- y la vorágine de los sentidos y el devenir, las deudas, los cascos desfilando y las metralletas en la lejanía, la preocupación por el pan de cada día y las cuentas pagadas, los bares y la noche alargada por la borrachera y el hachazo concomitante, ninguno de los cuales se plasma sino con retazos pauperrimos de indigencia en adjetivos, sustantivos y oraciones. Incluso puede decidir por el Hades o el Valhala, todo es posible...
Un moribundo ante mis ojos, una cama higiénica las batas blancas higiénicas paseándose por los pasillos, una mujer tejiendo las horas de espera, niños con inhaladores, ancianos preguntando una y otra vez que exámenes hacerse... Nada de eso me preocupa. Pienso: ¿Qué escogeré cuando ese presente sea mío?
Un moribundo ante mis ojos, una cama higiénica las batas blancas higiénicas paseándose por los pasillos, una mujer tejiendo las horas de espera, niños con inhaladores, ancianos preguntando una y otra vez que exámenes hacerse... Nada de eso me preocupa. Pienso: ¿Qué escogeré cuando ese presente sea mío?
Moribundo.
En un hospital, hay un hombre que agoniza. Esta inconsciente y obviamente no puedo satisfacer mi deseo de hurguetear su soledad con mis preguntas. Quizás fue feliz o quizás desdichado, pudo haber o no tenido hijos, conocido a muchas mujeres o sólo una, habitar la miseria o ser rico o bascular entre ambas. Todos nos topamos con los mismos dilemas, lo que cambia es la forma que los abordamos. No se si enfrentó este hombre con calma o no la enfermedad, con entereza o quebrado los días de soledad, si escogió la borrachera, si el espectáculo del cielo estrellado o de los árboles cautivó su espíritu, o si se maravilló o no del hecho que las arañas coordinen ocho patas o que el útero de una mujer es capaz de alojar una guagua. Lo ignoro. Ignoro qué tuvimos en común, sólo que fueron muchas cosas porque los destinos los días las noches los desvelos el amor las arrugas los imponderables son iguales. No puedo decir con palabras claras y con sentido las experiencias concretas en que sin saber fuimos uno, los caminos en que fuimos el mismo viajero; ignoro lo que nos separaba...
Sólo sé que algún día, en alguna circunstancia, yo agonizaré como él lo hace ahora: el mundo se irá apagando como decolora el suyo. Enfrentaremos (el ahora, yo algún día) juntos el mismo momento...
Sólo sé que algún día, en alguna circunstancia, yo agonizaré como él lo hace ahora: el mundo se irá apagando como decolora el suyo. Enfrentaremos (el ahora, yo algún día) juntos el mismo momento...
viernes, 18 de julio de 2008
Cementerio General
Estatuas de ángeles
o ángeles vueltos piedra,
ciegos como la piedra
sordos como la piedra
¿Será que nadie aquí eleva una plegaria?
entre las flores y el polvo
y las hojas que se arrastran entre las tumbas
ángeles,
tan muertos como los muertos a los que vigilan
o ángeles vueltos piedra,
ciegos como la piedra
sordos como la piedra
¿Será que nadie aquí eleva una plegaria?
entre las flores y el polvo
y las hojas que se arrastran entre las tumbas
ángeles,
tan muertos como los muertos a los que vigilan
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